No era príncipe, ni siquiera postulaba a mendigo.
No era nada
Simplemente paso. Tomamos alcohol, lo mezclamos con pastillas y era le hombre mas bueno y mas lindo del mundo.
Dejamos de lado todo lo que tenga que ver con nuestra vida y decimos un par de mentiras.
Nosotras, divinas. Con nuestras minis apretadas y los taco aguja que no se pueden usar, pero los usamos porque nos da un aspecto a Dolores Barreiro. Salimos maquilladas de tal manera que parecemos otras, siempre la idea es parecer otra, no la ama de casa que verán diariamente si nos elijen. Entonces, entre la música molesta y Reggetonera que se escucha hoy en día, miramos a la barra y esta él... remera blanca, jeans clásicos y por qué no, unas converse. Lo miramos con cara de “que me miras?”. Sólo para ver si pica. Todos pican, no importa en realidad la mirada, son todos fáciles.
Entonces empezamos la charla sobre nuestras vidas y la de él siempre parece más interesante, más llena de amigos y de cosas que a nosotras nos vendrían bien para salir de la cochina rutina.
Salimos un par de veces, un par de meses, un par de años. Nos mudamos solas y ellos vienen, no sabemos por qué. Pero empiezan a dejar primero la ropa -sucia, siempre sucia- en lugares insospechados: Debajo de la cama, atrás del bidet, en el fondo del placard o detrás de nuestra ropa limpia. Cómo llega la ropa ahí? No sabemos, seguro debe ser alguna manera rara de marcar el territorio.
Nuestra comida, es mejor que la de su mamá. A veces juran que hasta mejor que la de sus abuelas. Nosotras vamos comprando los estanques; este príncipe seguro es nuestro sapo encantado.
Y sí, se mudó. Entonces su vida de amigos se torna un complemento poco grato para nuestra relación, ya que lo único que vemos de ellos es su ropa sucia, más platos de los que se usarían en un comedor infantil, comida freezada como para alimentar a un grupo de 300 niños Haitianos, zapatillas por todos lados y toda clase de implementos como guitarras, mochilas, raquetas, mosquetones, etc.
Todos totalmente ajenos a nuestra vieja decoración Feng Shui que tanto nos gustaba. Las velas están todas usadas y prendidas hasta esas que no tienen pabilo. Entonces cambiamos la mirada y ese ser tan maravilloso que conocimos una noche súper arregladas y divinas cual princesas, ahora nos convirtió en horribles ranas. Y él es el maldito mendigo que sólo buscaba un lugar donde su mamá no le rompiera las bolas, por todos y cada uno de sus malos hábitos.
Ahogadas dentro de estanques de lodo, volvemos al alcohol y las pastillas que ahora son nuestras nuevas viejas mejores amigas. Cómo pasó? Por poner más expectativas en ellos que en nosotras.
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